miércoles, 10 de junio de 2009

Renza...

...En recuerdo y honor,...por su escritura, su sentir en la vida, su sensibilidad particular, su paz, su felicidad, sus tristezas, sus valores, sus vivencias, por su persona, siendo especial... Renza...
..."El desgrarre"...
"Debíamos mudarnos de nuestro pueblo alpino a un país extraño. Al conocer la nueva nueva me quedé lunaestática.
Mudarnos y vender casa y muebles descascarados y acomodar en cofres ropa y utensilios de la familia, compuesta por madre, hermana y hermano que, por la arrogancia y porte, se parecía a nuestro padre joven. El temor a lo incierto en mí no menguaba, debía abandonar once años casi, casi dichosos. Antes del desarme me apoyé en un mueble que había sido usado por una tatarabuela. Melancólica toqué todas las cosas que me sintieron crecer, mis ojos saltaban de un cucharón bronceado a las tazas que aún olian a leche tibia. No más arrumacos a las vaquitas Dalia y Morena ni besos a los conejitos - seda y temblor -. No más el nogal pleno de nueces. Acaricié todo, y me resbalaban melancólicas gotas. Allí quedaban las amigas de secretos y a voces y los compañeros de sinuosas colinas con robles, nogales y pinos perennifolios.
Velado el sonido del gorrión alpino que en el otoño escondía bajo tierra el alimento que lo protegería de las nevadas. Allí nuestra casa campesina de piedras y tejas a dos aguas coronada de cerezos, maizales, ciruelos y pocos vecinos. Allí los primeros uniformes del fascismo. Mudarnos, partir. Imprecisas dudas me taladraban. ¿Cómo se pronunciaría mamá?. Tal vez las costumbres eran disímiles, tal vez objetos y sujetos no tendrían nuestras diminutas dimensiones.
Me sentía como un animal entrampado. Mudarnos, partir, no más plantas luminoolorosas o los cantos navideños. No más los chicos que cosían en misa los ruedos negros de alguna viejita que rezaba. No más excursiones escolares a las montañas, adonde nuestra dulce maestra pendía en un árbol el mapa de Italia y memorizar, memorizar.
Si el frio picaba, para no gastar leña, íbamos al establo con el oloroso calor de las vaquitas lecheras. Allí cosíamos o bordábamos a la luz de las velas o de un candil. No más la polenta dorada que el abuelo trozaba con un fino cordel. Polenta, la comida diaria en nuestra zona véneta - campesina. La comíamos con queso o leche o pollo o huevos o sola, solita. Aún añoro su colorido sabor. La carne vacuna sólo la comían los enfermos muy graves.
Mudarnos, partir, no podía insubordinarme. Una vieja desdentada nos aseguró que en el mar nos acecharían monstruos. Mudarnos hacia un país insólito; sin embargo, las noticias paternas sobre Buenos Aires nos cautivaban.
Después del amarre en el puerto bonaerense, quise conocer a nuestro padre (yo tenía tres meses cuando él nos dejó para hacer la América). Madre me lo señaló. Al verlo desde la proa del barco yo, que lo conocía por una foto de soldado, arrogante y conquistador...allí, entre mucha gente, quieto, emocionado, grisáceo el cabello y tan delgado, mi energía se trizó.
En el tren desde Retiro a La Lucila, asomaba un verdelustre sobre casitas chatas unidas a un jardincito. Por fin la tierra prometida."
Por: Renza Marchet
(El otro día me reencontré con mi abuela después de varios días sin verla, le mostré este publicado y se emociono al recordar su llegada a Bs. As., una vivencia que guardaba y de a poco volvía otra vez como fué hace 70 años. Me comento que al bajar del tren en la precaria estación hecha con tablones de madera en La Lucila, se sintió muy bien al ir toda la familia unida a comer a la casa de unos amigos italianos que vivían cerca de la estación, ella recuerda que era un mediodía y que durante el almuerzo le pregunto al papá si le compraba una bicicleta, todos rieron y ella no sabia el porque, más tarde se dio cuenta que el pobre padre trabajador tenía pocos ahorros. Otra cosa que le llamó la atención es que al ver la casa en donde iban a vivir era de planta baja solamente, puesto que ella estaba acostumbrada a que en Italia se estilaba la casa a dos plantas. Un poco más de recuerdos desde la vivencia de mi abuela querida Clara...)
Al reescribir esta prosa, me emociona poder palpar los sentimientos vividos por la escritora tan cercana a mí. Esa ruptura vivenciada en lo cotidiano como trágico, toma cierto tono alegre hacia el final. El escrito esta lleno de sentimiento por lo dejado, por parte de una identidad arraigada en el ser, la melancolía, el recuerdo y el miedo por lo nuevo que vendrá...para seguir agregando y pensando...caríños...a toda la familia Marchet...

5 comentarios:

Martín dijo...

Así es... la nostalgia por la tierra natal está presente, como también lo está la esperanza y la fe puestas en el nuevo mundo al que Renza llegaba, con sueños de poder ser feliz en una tierra donde todo le resultaba nuevo, desconocido...

juan_santiago dijo...

De tecnica o de forma aburre comentar cuando un texto está desbordado por emociones tan sencillas como la nostalgia. Bonito texto (sencillo al fin y al cabo; apesar de las palabras rebuscadas). No lo se .. me he quedado sin palabras ante tanto sentimiento ....

Vanina dijo...

qué lindo tener este testimonio de momentos que son parte de nuestra historia. Ojalá yo hubiera tenido de mi propios abuelos un testimonio tan fiel como este, de las emociones y de los cmabios que genera irse a otro país, sin ninguna de las comodidades que tenemos hoy día. En aquellos años, sí que se la jugaron nuestros abuelos por un cambio inesperado.
Guarda esta joya Leo. Es un tesoro.
Abrazo fuerte

juan_santiago dijo...

hermosas fotos en Flickr :)

Hernán dijo...

Pensarse y repensarse...Pensarse y reflexionar muchas veces...Sentir..Tener memoria de dónde venimos y hacia dónde vamos...Raices...Sentimientos implicitos y miradas que expresan todos...Silencios...encuentros y reencuentros...vida y muerte todo a la vez...Realidad...Presente...hoy...
Vida y muerte todo junto...Abrazo Fuerte