miércoles, 17 de octubre de 2007

Típico Café porteño y su historia...


Ya es primavera, espero mi café y miro por los cristales, la calle, los árboles, el infinito cielo de Rivadavia y Medrano. Mi alma de poeta vuela, recorro en un instante tu historia, querida Confitería "Las Violetas". Imagino la tarde que la Infanta Isabel de Borbón te visitó. Fue el año de 1910, el año del Centenario. Observo desde mi mesa el trajín incesante, de los momentos previos de tan notable visita. Recorro con una mirada las grandes columnas de estilo romanas, adornadas con anillos cincelados de bronce, los bajo-relieves al estilo de catedrales bizantinas, con sus característicos ángeles, sus espirales de rasos orlando las figuras tus vitraux, recreando los jardines de algún castillo y sus damas, dándonos una visión bucólica, acompañada por los sones de una orquesta de señoritas. Sigo imaginando esa tarde, querida Confitería y puedo ver el sol en los vitroles, trayendo hasta mi en un caracol de colores, el ramo de violetas que luces en su centro. Todo esta preparado, los olores penetrantes de tus confituras, las mesas adornadas con flores, los mozos impecables, ya llega, ya entra la Infanta Isabel, la orquesta toca un vals, se abren las puertas...... En el momento que le entrego el ramo de violetas, el mozo me sobresalta con su pregunta, va a tomar lo de siempre señora. Sí gracias, le contesto, miro en derredor, los abovedados techos, los cristales, las columnas, todo está igual, intacto, imperecedero, el tiempo no ha pasado. Viene el mozo, me trae mi café, de todas las tardes, me mira a los ojos y me dice: ese ramo de violetas que tiene entre sus manos, tiene una fragancia....... Termino mi café, me levanto, me doy vuelta, los fantasmas de la Infanta y su comitiva siguen tomando el té. *Désde 1884 éste café nos envuelve con su magia*

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